La diplomacia ha muerto y el tambor de guerra suena más fuerte que nunca. Tras 21 horas de negociaciones maratónicas en Pakistán que terminaron en un estrepitoso fracaso, el presidente Donald Trump ha pasado a la acción directa. En un movimiento que ha dejado al mundo en vilo, el mandatario estadounidense anunció este domingo que la Marina de los EE. UU. iniciará un bloqueo total del Estrecho de Hormuz con efecto inmediato.
El vicepresidente JD Vance, quien lideró la delegación en Islamabad, confirmó que las partes no pudieron superar las profundas diferencias sobre el programa nuclear iraní y la reapertura de la ruta comercial estratégica. Lejos de buscar una salida negociada, Trump ha redoblado la apuesta, ordenando a sus fuerzas navales interdictar cualquier buque en aguas internacionales que haya pagado peaje a Teherán, calificando dichos pagos como ilegales.
Este despliegue marca una escalada sin precedentes en la ya tensa relación entre Washington y Teherán. Mientras la Casa Blanca insiste en que presentó su «oferta final y mejor», la comunidad internacional observa con pavor cómo el Estrecho de Hormuz, una arteria vital para el suministro energético mundial, se convierte en el epicentro de un posible conflicto militar a gran escala.
